EPIFANÍA DEL SEÑOR - 6 DE ENERO
Historia de los Reyes Magos
La llegada de los Reyes Magos a los
hogares cada víspera del 6 de enero forma parte de las
tradiciones más arraigadas de la Navidad, tanto en España como en distintos
países centroeuropeos y latinoamericanos. Pero, ¿cuál es la historia de los
Reyes Magos?
Según relata el evangelista Mateo, los
Reyes Magos emprendieron su camino para darle la bienvenida al Mesías,
y lo hicieron siguiendo una estrella fugaz que les guiaba hasta Belén. Antes de
llegar se encontraron con Herodes, el gobernador de Judea, quien pidió a los
reyes que cuando encontraran el lugar exacto donde había nacido el niño
regresaran a su palacio para hacérselo saber. Herodes insistió en que su
intención era adorar también al niño Jesús, sin embargo, cuenta la Biblia que
los Reyes Magos fueron avisados en sueños por un ángel de las verdaderas
intenciones de Herodes: matar al rey nacido. Por supuesto, los Reyes sabios no
volvieron a avisar a Herodes. Según la Biblia, los Reyes Magos ofrecieron al
Mesías oro, incienso y mirra, tres elementos que simbolizaban la
humanidad y que tenían un poderoso significado:
·
Oro: el oro, metal precioso por excelencia,
era ofrecido solamente a los reyes, motivo por el cual Baltasar se lo ofreció a
Jesús, Rey y Dios simultáneamente.
·
Incienso: Gaspar obsequió al niño Rey incienso,
otro elemento ofrecido a los monarcas que simbolizaba el respeto y la
esperanza. Además, el incienso era utilizado también para rendir culto a las
divinidades, haciendo referencia así a que el niño Jesús era Dios entre los
hombres.
· Mirra: finalmente, Melchor le trajo al niño mirra, el material utilizado para embalsamar los cuerpos de los difuntos. Con esto quería simbolizar que el niño nacido hombre moriría joven, y que su madre necesitaría la mirra para ungir su cuerpo llegado el momento.
San Agustín (siglos cuarto y quinto) en sus sermones de la Epifanía
afirmó que llegaron el día 13 después del nacimiento del Señor. Es decir, el 6
de enero del calendario actual.
4. Reyes por tradición
San Mateo, el único que habla de los magos en la Biblia, explica que fueron
de “oriente”, una zona que para los judíos eran los territorios de Arabia,
Persia o Caldea. Por otro lado, los orientales llamaban “magos” a los doctores.
“Mago” en lengua persa significaba “sacerdote” y justamente los magos
(“magoi” en griego) eran una casta de sacerdotes persas o babilonios. Ellos no
conocían la revelación divina como los judíos, pero estudiaban las estrellas en
su deseo de buscar a Dios.
La tradición les llamó “reyes” a los magos en referencia al Salmo 72 (10
-11) que dice: “Los reyes de occidente y de las islas le pagarán tributo. Los
reyes de Arabia y de Etiopía le ofrecerán regalos. Ante él se postrarán todos
los reyes y le servirán todas las naciones”.
6. El origen de sus nombres, fisonomías y regalos
Los nombres de los magos no aparecen en las Sagradas Escrituras, pero la
tradición les ha dado ciertos nombres. En un manuscrito de París a fines del
siglo siete aparece que se llamaban Bitisarea, Melchor y Gataspa, pero en el
siglo nueve se empezó a propagar que eran Gaspar, Melchor y Baltazar.
Melchor es graficado
generalmente como un anciano blanco con barba en representación de la zona
Europea y ofrece al Niño el oro
por la realeza de Cristo. Gaspar representa
a la zona asiática y porta el incienso
por la divinidad de Jesús. Mientras que Baltazar
es negro por los provenientes de África y regala al Salvador la mirra, sustancia que se utilizaba para
embalsamar cadáveres y símbolo de la humanidad del Señor.
En la época que se les empezó a pintar con estas características no se
tenía conocimiento de América. Además, los tres hacen referencia a las
edades del ser humano: juventud (Gaspar), madurez (Baltazar) y vejez
(Melchor).
7. La estrella habría sido una conjunción de planetas
Sobre la estrella de Belén que vieron los Reyes Magos se han construido
varias hipótesis. Antes se decía que fue un cometa, pero estudios astronómicos
indican que al parecer se debió a la conjunción de los planetas Saturno y
Júpiter en la constelación de Piscis.
En este sentido, los Reyes Magos posiblemente deciden viajar en busca
del Mesías porque, en la antigua astrología, Júpiter era considerado como la
estrella del Príncipe del mundo; la constelación de Piscis, como el signo del
final de los tiempos; y el planeta Saturno en Oriente, como la estrella de
Palestina.
En suma, se presume que los “sabios de Oriente” entendieron que el Señor
del final de los tiempos se aparecería ese año en Palestina.
Es probable que los Reyes Magos supieran algunas profecías mesiánicas de los judíos y por eso llegaron a Jerusalén, al palacio de Herodes, preguntando por el rey de los judíos.
Todo se discute, todo se subvierte, todo se controla, aunque esté rubricado por la ciencia de siglos y por la tradición autorizada; y de las discusiones que de ser serenas habría de brotar la luz, brota la confusión, porque donde sólo hay multitud sin criterio ilustrado y sereno, necesariamente ha de producirse un caos.
Más todavía. Empeñados ciertos varones graves
en demoler todo lo subsistente, procuran sacudir la ignorancia de los auditores
por medio de novedades, y acontece en efecto que, basta que una idea, un juicio
u opinión se presente como novedad, para que sin mayor discusión se abrace,
aunque sea nociva, y se rechace la sentencia anterior aunque sea noble y consolidada
en la verdad. Se expanden las hipótesis, lo mismo que en las vidrieras las últimas
novedades de los lienzos y los modelos de zapatos.
Si a esto añadimos la inconsistencia intelectual
de las multitudes ilustradas febrilmente en mil materias que no pueden prenderse
sino con alfileres, para salir de los apuros de un examen que es muchas veces una
parodia de prueba de competencia, deduciréis vosotros, estimados auditores, a
donde conducirá esta confusión cuando, sin estudios profundos, se carece del
criterio intelectual para poder discernir con rectitud de juicio.
Ricardo León pintando a uno de estos
sabihondos dice que:
Se atiborra de lectura.
Cita nombres,
cita escuelas.
Parla más que un
sacamuelas
Sin substancias
y sin mesura,
Presumiendo de
cultura
Da lo soñado por
visto,
Confunde a Buda
con Cristo
Dice cuanto se
le antoja
Y con una
paradoja
Ya se acredita
de listo.
Parla de todo; de arte, de literatura, de economía social, política y doméstica; de ciencia, industria y comercio, y no solamente de religiones y religión, sino que, en su atrevida ignorancia, se encara insolente con el mismo Dios.
No hay duda de que, nuestra época, que se
caracteriza por los descubrimientos de orden material, ha llevado a la
humanidad a un estado de ánimo tan angustioso, que, por momentos uno se
pregunta, si el periodismo, las letras, las artes y la literatura en general,
tienen por meta de sus esfuerzos la consolidación intelectual y moral de las
masas, o sencillamente se hallan empeñadas en la obra satánica de hacer de la humanidad un manicomio. …” (resaltado mío)
(Extraído del P. Virgilio Filippo,
“El Reinado de Satanás) 1937- Conferencias radiales.
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